Diagonal y Rodeo
A veces se nos pide más de lo que parece caber. Miramos las plantas de varios de nuestros proyectos y descubrimos un compendio de casas que en algún momento se han revelado contra la ortogonalidad que parecía dictar la preexistencia y nuestras costumbres, y nos preguntamos, sorprendidos de haber hallado en todas ellas el espacio suficiente, cuál es el poder de la geometría, sus razones internas y su lógica de funcionamiento.
La geometría euclidiana nos explica que la distancia más corta entre la esquina de una habitación y su opuesta es la diagonal invisible con la que la recorremos. En nuestros proyectos a veces no es así, esa diagonal es la elongación de la línea que quiere crecer, es la línea que alberga el espacio suficiente para aquello que no parece caber. Pero, a veces no tomamos el atajo, necesitamos dar un rodeo, recorrer los otros dos lados del triángulo para hacernos hueco en ellos. Otras sí es la distancia más corta, es la diagonal desde la entrada de una casa hasta su centro la que nos permite articularla en torno a ese punto. No sabemos identificar el sentido de estos giros, paralelismos y desvíos, y concluimos que todo esto es un disparate, o un misterio.
Quizá el dibujo tenga en su lenguaje el poder de la intuición, quizá sea un mecanismo onírico capaz de despertar en nosotros mundos ocultos, subjetivos y absurdos. En la superposición de la casa que era antes, con la casa nueva, y aquello que permanece intacto, encontramos a la geometría haciendo su juego de palabras. Con su gracia nos muestra casas homónimas, dos casas en una misma ubicación, casas con dobles sentidos que nos ofrecen dibujos equívocos en planta, y en cuya superposición temporal vemos su polisemia, su poder ser esta casa o la otra y las dos a la vez, en un tiempo acumulado de historia o una historia sin tiempo que nos mete al gato de Schrödinger en casa. Juegos de palabras, juegos del lenguaje, juegos que niegan la realidad dada, y nos invitan, como Alicia, a jugar a ser afectados por el espejo haciendo lo contrario de lo que queremos hacer: gritamos para hablar en voz baja, para ir a un lado nos movemos al contrario y nos giramos para ver las cosas rectas.
Por eso, aunque la distancia más corta entre dos puntos sea la recta, en nuestra arquitectura a veces la distancia más corta –y sobre todo más certera– es un rodeo.


